lunes, junio 24, 2013

Antes de juzgar, deja que el milagro aparezca.

Dice la sabiduría popular que "uno pone, Dios dispone y viene el diablo y todo lo descompone". En realidad, el diablo somos nosotros cuando no entendemos que las cosas siempre suceden en nuestro mayor beneficio. He aquí un ejemplo:

En el mes de enero, hice el pago para acudir a un retiro del 20 al 23 de junio, así que como la chica previsora que soy, compré mi pasaje aéreo desde el mes de febrero, viajar a mi destino implicaba tomar dos vuelos, así que decidí comprar los dos vuelos de ida y los dos de vuelta con la misma línea aérea "para evitar problemas a la hora de hacer las conexiones". Todo iba, según mi percepción, "de maravilla" hasta que por abril me llega un correo en que me informaban que el primer vuelo de ida había sido modificado de horario. Como saldría más temprano, mi ego dijo no hay problema porque todo estaba "bajo control". Posteriormente, me llegó otro correo en que se me notifica que los vuelos de regreso habían sufrido también cambios de horario, pero realmente no hice mucho caso.

Por mayo, revisando mi itinerario me doy cuenta que el primer vuelo de regreso lo atrasaron y el segundo lo adelantaron, motivo por el cual ya no lograba la perfecta conexión que había planeado. Llamé a la aerolínea y me dijeron que efectivamente no había forma de lograr la conexión y que las opciones eran: tomar el primer vuelo más temprano (cosa que era imposible porque mi retiro no había terminado para esa hora) o tomar el segundo vuelo al día siguiente, por lo que tendría que hospedarme en la ciudad de México y "hacer un gasto extra", porque además, como me avisaron con tiempo "los gastos corrían por mi cuenta". Me acuerdo el berrinche que hice, de haberle dicho a la persona que me atendió que "qué falta de seriedad, que por eso no había comprado en dos aerolíneas y demás cosas que uno alega en esos casos".

Llegó el día del vuelo de ida y mientras estaba esperando el segundo vuelo, hice un trámite que requería que sacaran una copia de dos identificaciones. "Casualmente" llevaba mi licencia y normalmente no la llevo cuando salgo de viaje y no voy a manejar. Sin darme cuenta, mi IFE no me la devolvieron. Cuando me di cuenta, era demasiado tarde, si regresaba por ella perdía mi segundo vuelo, así que decidí dejarla y subir al avión presentando la otra identificación que llevaba. Durante el viaje pedí a mis angelitos que me ayudaran a encontrar a mi regreso a la persona que había sacado la copia. Ahí fue cuando me cayó el veinte, de haber logrado la conexión entre los vuelos, tal como estaba en mis "perfectos planes", no hubiera tenido oportunidad de buscar a la persona que tenía mi identificación. A las 7 de la mañana la encontré, quedamos que me la enviaría por la paquetería del servicio de correos, aunque tardarían 7 días entregármela, por lo que me dio su celular porque me hablaría para darme el número de guía. 

Como a las 12 del día, ya en Oaxaca, me acordé que mi hija estaba en el DF, donde la dejé olvidada, así que los puse en contacto para que se la llevara al aeropuerto y me la trajera y hoy, a las 6:30 de la tarde, ya la tengo conmigo.

No cabe duda que cuando dejamos de resistirnos a que las cosas "se salgan de nuestro control" encontramos un milagros en todo lo que vivimos.